Los alegatos finales en la batalla legal de alto riesgo entre Elon Musk y OpenAI concluyeron el jueves, con los abogados de cada parte presentando visiones totalmente opuestas sobre los orígenes del laboratorio de inteligencia artificial y el carácter de su CEO, Sam Altman. El resultado del juicio de tres semanas podría remodelar fundamentalmente el panorama competitivo de la industria de la IA.
"Imaginen que están en una caminata y se encuentran con uno de esos puentes de madera que se ven en un sendero, y está sobre un desfiladero", dijo Steven Molo, el abogado principal de Musk, al jurado. Argumentó que el caso depende de la credibilidad de Altman, preguntándoles si cruzarían un puente "construido sobre la versión de la verdad de Sam Altman".
La demanda, presentada por Musk en agosto de 2024, alega un incumplimiento del acuerdo fundacional de OpenAI, buscando más de 150.000 millones de dólares en daños de OpenAI y su socio principal, Microsoft. Musk también busca destituir a Altman de la junta y revertir el cambio de la empresa a una entidad con fines de lucro, que siguió a la inversión de 13.000 millones de dólares de Microsoft y catapultó a OpenAI a una valoración de unos 730.000 millones de dólares.
Una victoria para Musk podría desestabilizar a la startup de IA líder en el mundo y beneficiar a sus competidores, incluidos xAI (del propio Musk), Google y Anthropic. Por el contrario, una derrota para Musk consolidaría el control de Altman y despejaría el camino para una potencial oferta pública inicial, que se espera sea una de las más grandes de la historia.
Una batalla de credibilidad
La estrategia legal de Musk se centró fuertemente en atacar el carácter de Sam Altman. Molo dijo a los miembros del jurado que cinco testigos, incluidos antiguos miembros de la junta de OpenAI, habían llamado a Altman "mentiroso" bajo juramento. Esta línea de argumento se apoya en la breve destitución de Altman en noviembre de 2023, cuando la junta citó una falta de confianza. "Si no pueden confiar en él, si no le creen, ellos no pueden ganar. Es así de simple", afirmó Molo.
La abogada de OpenAI, Sarah Eddy, trabajó para contrarrestar estos ataques, recordando al jurado que el "90 por ciento de los empleados de OpenAI" habían pedido la restitución de Altman tras su despido, un fuerte testimonio de su liderazgo. Eddy argumentó que la única persona que testificó sobre promesas rotas fue el propio Musk, retratando la demanda como una venganza personal.
La disputa del acuerdo fundacional
El núcleo del caso de Musk es que Altman y el presidente Greg Brockman traicionaron la misión original de la startup de ser una organización sin fines de lucro dedicada a construir una IA segura para el bien público. Molo los acusó de "robar una organización benéfica" al convertirla en una empresa con fines de lucro impulsada por ganancias comerciales, particularmente tras el lanzamiento de ChatGPT y las grandes inversiones de Microsoft.
Eddy contrarrestó esta narrativa afirmando que la organización sin fines de lucro OpenAI todavía existe y, lo que es crucial, controla la rama con fines de lucro, que ahora posee activos por valor de decenas de miles de millones de dólares. Argumentó que nunca se incumplió ningún acuerdo formal.
Prescripción y motivos de Musk
Una defensa técnica clave para OpenAI es la prescripción. El jurado debe decidir si Musk presentó su demanda dentro del plazo de tres años. Los abogados de OpenAI argumentan que Musk sabía o debería haber sabido del supuesto incumplimiento mucho antes de agosto de 2021. Molo afirmó que Musk solo se dio cuenta del incumplimiento en octubre de 2022 tras la noticia de una importante inversión de Microsoft.
Eddy también presentó una contra-narrativa convincente sobre las propias intenciones de Musk, argumentando que fue él quien presionó por una estructura con fines de lucro y un "control inequívoco" sobre el proyecto. Mencionó una reunión de 2017 donde Musk supuestamente intentó fusionar el laboratorio de IA en Tesla e incluso sugirió que su control sobre la tecnología de OpenAI debería pasar a sus hijos tras su muerte, una propuesta que incomodó profundamente a otros fundadores, incluido Altman.
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