Tras meses de conflicto abierto, Arabia Saudita encabeza un nuevo marco de seguridad regional destinado a establecer "líneas rojas" claras con Irán.
Arabia Saudita está impulsando una propuesta de un amplio tratado de no agresión con Irán y otras naciones de Oriente Medio, un ambicioso plan inspirado en el Proceso de Helsinki de la década de 1970. La medida pretende remodelar la arquitectura de seguridad de la región tras meses de conflicto que incluyeron ataques directos a instalaciones energéticas e infraestructuras de los Estados del Golfo.
"En el clima político actual, no se puede tener a Irán e Israel en el mismo acuerdo", dijo un diplomático árabe familiarizado con las discusiones. "Sin Israel, esto podría ser contraproducente, porque después de Irán, Israel es visto como la mayor fuente de conflicto. Pero Irán no va a desaparecer, por eso los saudíes están impulsando esto".
La iniciativa diplomática sigue a un período de intensa guerra en la sombra, en el que funcionarios estadounidenses confirmaron que tanto Arabia Saudita como los Emiratos Árabes Unidos llevaron a cabo recientemente sus propios ataques militares secretos dentro de Irán. Estas acciones fueron en represalia por ataques a al menos seis países del Golfo por parte de grupos alineados con Irán, lo que motivó una carta conjunta de condena a las Naciones Unidas.
Lo que está en juego es la estabilidad de una región que representa más del 20% del tránsito mundial de petróleo a través del Estrecho de Ormuz. Un pacto exitoso podría reducir el riesgo geopolítico, beneficiando el plan de diversificación económica "Visión 2030" de 500.000 millones de dólares de Arabia Saudita, pero la exclusión de Israel amenaza con crear una nueva falla regional, alineando potencialmente a los Estados del Golfo e Irán contra Tel Aviv.
¿Una arquitectura de seguridad post-estadounidense?
El marco liderado por Arabia Saudita busca establecer una "comunidad de seguridad regional" independiente de una garantía de seguridad única de Estados Unidos. Los objetivos principales incluyen prevenir ataques a la infraestructura energética, garantizar la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz y crear canales permanentes de comunicación de crisis. La propuesta está ganando terreno entre un grupo central de naciones, incluidos Pakistán, Turquía y Egipto, que están discutiendo un mecanismo de cooperación de defensa más amplio que podría ver un pacto de defensa entre Pakistán y Arabia Saudita extendido para incluir a Turquía y Qatar.
La exclusión de Israel crea un obstáculo diplomático
El obstáculo más significativo para el tratado es la exclusión de Israel. Si bien es necesaria para asegurar la participación de Irán, crea un dilema fundamental. Los Emiratos Árabes Unidos, firmantes de los Acuerdos de Abraham, han profundizado su cooperación en seguridad con Israel, lo que hace que su participación en un pacto que excluye a Israel sea incierta y resalta las divisiones dentro del Consejo de Cooperación del Golfo. Esta compleja dinámica obliga a Arabia Saudita a equilibrar la necesidad inmediata de desescalada con Irán frente a las alineaciones estratégicas a largo plazo en la región, especialmente a medida que las élites políticas israelíes consideran cada vez más a Turquía, un socio potencial en el nuevo pacto, como un rival regional primario.
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