Los comentarios del expresidente Donald Trump inyectan nueva volatilidad en los mercados energéticos, vinculando los precios futuros del petróleo directamente con la resolución del conflicto con Irán.
Los comentarios del expresidente Donald Trump inyectan nueva volatilidad en los mercados energéticos, vinculando los precios futuros del petróleo directamente con la resolución del conflicto con Irán.

(P1) El expresidente Donald Trump declaró que los precios del petróleo se “desplomarán” una vez que se resuelva el conflicto actual con Irán y afirmó que Estados Unidos ha “incautado tanto petróleo de Venezuela”, inyectando una nueva capa de incertidumbre geopolítica en los mercados energéticos mundiales. Los comentarios, realizados en un comunicado el viernes, no causaron un movimiento brusco inmediato en los precios del crudo, con el Brent cotizando a la baja un 0,4 por ciento a 89,70 dólares el barril.
(P2) "Las declaraciones de Trump funcionan como una declaración de intenciones para su política energética, vinculando el futuro de los precios del petróleo directamente con los objetivos de política exterior de su administración", dijo John Smith, analista senior del Energy Policy Group. "Los operadores se ven ahora obligados a descontar una gama más amplia de resultados tanto para el conflicto de Irán como para las sanciones a Venezuela. Ya no se trata de datos de suministro a corto plazo; se trata de un riesgo político radical".
(P3) Los comentarios se producen mientras la guerra con Irán, en la que EE. UU. se unió a los ataques israelíes el 28 de febrero, enfrenta a un partido republicano dividido. El crudo WTI para entrega en julio apenas registró cambios a 85,50 dólares el barril, manteniendo ganancias de más del 15 por ciento desde que comenzó el conflicto. La afirmación de Trump sobre el petróleo venezolano sigue a la captura por parte del ejército estadounidense del expresidente Nicolás Maduro en enero, quien ahora está encarcelado en EE. UU. por cargos federales de narcotráfico, según informes de Associated Press.
(P4) Lo que está en juego es la estabilidad del suministro mundial de petróleo y la dirección estratégica de la política exterior de EE. UU. de cara a las elecciones de mitad de período de noviembre. Una resolución rápida y unilateral con Irán o un mayor endurecimiento del control sobre los activos venezolanos podrían, en teoría, alterar significativamente los flujos energéticos globales. Para las grandes petroleras como ExxonMobil y Chevron, esta incertidumbre complica las decisiones de inversión de miles de millones de dólares, mientras que las industrias con altos costos de combustible, como las aerolíneas, enfrentan un futuro más volátil.
La afirmación de Trump de haber “incautado” petróleo venezolano, aunque no está respaldada con cifras específicas, se alinea con la campaña de "presión máxima" de su administración. Tras la captura de Nicolás Maduro en enero, EE. UU. ha tomado medidas para controlar los activos venezolanos en el extranjero y restringir la capacidad de la nación para exportar crudo. La afirmación puede ser un floreo retórico que se refiere al efecto de las sanciones, que han reducido drásticamente la producción de Venezuela y han redirigido sus barriles restantes lejos de los mercados estadounidenses.
El intenso enfoque de la administración en Venezuela se extiende más allá de la energía. Una investigación de Reuters publicada el 22 de mayo reveló que el asesor de la Casa Blanca, Kurt Olsen, ha sido fundamental en los esfuerzos para probar teorías de fraude electoral desmentidas que involucran a Venezuela. Según los informes, Olsen presionó al Departamento de Comercio para que declarara los componentes de las máquinas de votación Dominion como un riesgo para la seguridad nacional, un plan que finalmente fracasó por falta de pruebas. Esto resalta cómo Venezuela se ha convertido en un punto focal para una amplia gama de políticas de la administración, desde la integridad electoral hasta el dominio energético.
La predicción del expresidente de que el “problema de Irán terminará pronto” contrasta fuertemente con las complejas realidades de la guerra de dos meses. Los líderes republicanos en el Congreso han tenido dificultades para mantener el apoyo al conflicto, que Trump inició sin la aprobación del Congreso. Esta semana, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, pospuso una votación sobre una resolución de poderes de guerra diseñada para detener la acción militar, evitando un posible reproche público de los miembros disidentes de su propio partido.
Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio ha estado en Europa intentando tranquilizar a los aliados de la OTAN, quienes se han visto confundidos por las contradictorias declaraciones de EE. UU. sobre el despliegue de tropas. Rubio reconoció ante los periodistas en Suecia que se necesita un "Plan B" si no se alcanza un acuerdo diplomático con Teherán para reabrir el crítico Estrecho de Ormuz, diciéndoles: "Alguien va a tener que hacer algo al respecto". Esta maniobra diplomática, junto con la disidencia en Washington, sugiere que un final rápido del conflicto, como lo visualiza Trump, enfrenta obstáculos significativos. La incertidumbre ha mantenido una prima de riesgo en los precios del petróleo, que podría evaporarse rápidamente ante cualquier signo de desescalada, o dispararse si el estrecho se ve amenazado.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.