La próxima cumbre del 14 y 15 de mayo en Pekín verá al presidente de EE. UU., Donald Trump, y al presidente chino, Xi Jinping, enfrentar una serie de temas polémicos, con la guerra en curso en Irán y los controles de EE. UU. sobre las exportaciones tecnológicas encabezando la agenda. Las discusiones conllevan implicaciones importantes para las cadenas de suministro globales de energía y tecnología, que ya han experimentado interrupciones significativas.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha instado a China a "unirse a nosotros en esta operación internacional" para asegurar el Estrecho de Ormuz, un canal crítico para los envíos globales de petróleo. Si bien Pekín ha participado en diplomacia entre bastidores, los analistas señalan que es poco probable que se alinee completamente con la estrategia de Washington, pidiendo en cambio un "cese completo de las hostilidades".
El conflicto ya ha pasado factura a la seguridad energética de China, con sus importaciones de petróleo crudo en abril cayendo un 20 por ciento con respecto al año anterior al nivel más bajo en casi cuatro años, según datos de las aduanas chinas. EE. UU. ha ampliado la presión sancionando a entidades chinas, incluida la refinería Hengli Petrochemical, por comprar petróleo iraní.
Para los inversores, el resultado de la cumbre sobre los controles tecnológicos representa una incógnita fundamental. Un mayor endurecimiento de las restricciones al acceso de China a herramientas avanzadas de fabricación de semiconductores podría alterar el mercado global de chips, mientras que cualquier señal de deshielo podría alimentar un repunte en las acciones tecnológicas castigadas.
La guerra de Irán domina la agenda
La guerra en Irán se ha convertido en un punto central de fricción en las relaciones entre EE. UU. y China. El bloqueo estadounidense del Estrecho de Ormuz, a través del cual pasa aproximadamente la mitad de las importaciones de crudo de China, ha dejado a los petroleros varados y vulnerables. El ministerio de Relaciones Exteriores de China ha declarado que el bloqueo no sirve a los intereses de la comunidad internacional y confirmó que un petrolero con tripulación china fue atacado recientemente.
A pesar de las sanciones de EE. UU., China sigue siendo el mayor comprador individual de petróleo iraní, con refinerías independientes comprando un promedio de 1,38 millones de barriles por día en 2025, según estimaciones de Kpler. Washington ha respondido con una escalada de sanciones, dirigidas no solo a los compradores de petróleo sino también a las empresas que acusa de ayudar a los programas de armamento de Irán, creando un trasfondo tenso para la reunión presidencial.
Controles tecnológicos y comercio en el foco
Más allá de la crisis inmediata en Oriente Medio, se espera que la cumbre profundice en la disputa de larga data sobre la tecnología. El acceso de China a las herramientas avanzadas de fabricación de chips sigue siendo un punto clave de discordia, ya que EE. UU. busca limitar su avance tecnológico por motivos de seguridad nacional.
El resultado de estas conversaciones podría tener un impacto profundo en la industria de los semiconductores. Los grupos industriales y legisladores de EE. UU. han suplicado a la administración Trump que no relaje las restricciones, por temor a la competencia de los fabricantes chinos. Cualquier decisión de limitar aún más el acceso de China podría impactar negativamente en las cadenas de suministro globales y perjudicar a las empresas estadounidenses que dependen del mercado chino, mientras que una relajación de las reglas podría proporcionar un impulso significativo al sector. La anticipación del evento en sí ya está creando volatilidad en las acciones de chips.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.