Un grupo bipartidista de legisladores estadounidenses presentó el 12 de mayo una legislación para prohibir los componentes y el software de vehículos eléctricos (EV) fabricados en China en el mercado de EE. UU., una medida que eleva las apuestas en la disputa comercial en curso entre ambas naciones justo cuando el expresidente Donald Trump se prepara para una visita diplomática a Beijing. El proyecto de ley, copatrocinado por los representantes John Moolenaar (republicano por Michigan) y Debbie Dingell (demócrata por Michigan), tiene como objetivo codificar y ampliar las restricciones existentes, citando preocupaciones de seguridad nacional sobre los datos recopilados por los sistemas desarrollados por China en "vehículos inteligentes".
"Los vehículos inteligentes chinos presentan una clara amenaza a la seguridad nacional", afirmó Moolenaar en un comunicado. Dingell añadió que la legislación pretende proteger tanto a los "conductores estadounidenses como a la manufactura estadounidense". La iniciativa cuenta con un amplio respaldo de la industria automotriz de EE. UU., con grupos comerciales que representan a grandes fabricantes como General Motors, Toyota y Volkswagen advirtiendo que China representa "una amenaza directa para la competitividad global, la seguridad nacional y la base industrial automotriz de Estados Unidos".
El proyecto de ley propuesto haría permanente la orden ejecutiva de la administración Biden de enero de 2025 que restringía la importación de vehículos con software chino. Esta nueva legislación ampliaría esas restricciones para incluir una gama más amplia de piezas de vehículos eléctricos y describiría mecanismos de aplicación específicos. La medida se produce mientras fabricantes chinos de EV como BYD, Nio y Geely expanden rápidamente su presencia en mercados de Europa, América del Sur y Asia, a menudo reduciendo los precios de sus competidores. La embajada de China en Washington criticó el proyecto de ley, instando a EE. UU. a "dejar de estirar demasiado el concepto de seguridad nacional".
El momento del proyecto de ley es particularmente significativo, ya que se produce antes de una reunión planificada entre Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping. El resultado de estas conversaciones podría tener un impacto profundo en el futuro de las relaciones comerciales entre EE. UU. y China, con el sector automotriz ahora como un campo de batalla clave. Si el proyecto de ley se aprueba, podría obligar a los fabricantes de automóviles a reconfigurar sus cadenas de suministro, lo que potencialmente llevaría a mayores costos de producción y vehículos eléctricos más caros para los consumidores de EE. UU. Para los fabricantes de piezas nacionales de EE. UU., sin embargo, la legislación podría ser un beneficio significativo, protegiéndolos de la competencia china. El destino de la legislación será probablemente un tema clave de discusión en la próxima reunión de alto nivel en Beijing.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.